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Quiero agradecer, desde aquí, a las hospitaleras del
Albergue Ferramenteiro, su amable trato y ánimos. Nos facilitaron dos literas
apartadas
del resto de peregrinos lo suficiente para poder descansar y reponer
fuerzas. Tal y como llegué no pensaba que, al día siguiente, podría iniciar
marcha.
Después de una buena ducha, una buena comida y un descanso de dos horas
podía andar con algo más de soltura.

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